Golpe a golpe, beso a beso

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elfaro480x120_0Enciendo la tele y no hay nada que me interese, recurro a lo básico, canal 24 horas para ver noticias. Una vez más estremezco, guerras, odio y crisis económica son la tónica habitual. Todo ello siempre acompañado de alguna otra tragedia, de esas que tristemente suceden día a día. La tierra cruje al ritmo que el ser humano va dejando su marcada huella en ella. Un ser que, en un corto espacio de tiempo, le está dejando al planeta severas cicatrices. Cicatrices las cuales tal vez acaben por destruirla y con ella a todos nosotros o los que estén en ese momento. El dinero es hoy la religión en la que todos creemos y en la lucha por conseguirlo, los poderosos de este mundo guerrean sin cesar sacudiendo con el viento de sus golpes a la masa incrédula, que desnudos e indefensos no podemos más que temblar al encender el televisor, para preferir apagarlo y sumergirnos en nuestros problemas cotidianos, aquellos que todos tenemos, cobrando importancia ellos en función de la gravedad del superior de ellos, pudiendo desvanecerse una preocupación duradera, automáticamente en cuanto aparece una superior.

Es la escala de niveles en la que nos movemos, una especie de franjas de preocupación que parecen marcar nuestra existencia, condicionando nuestras rutinas y prioridades, algún día me gustaría adentrarme en el funcionamiento psicológico de todo esto, dedicando algún tiempo a saber sobre ello, pero hoy no, ni mañana tampoco.

Desde El Faro observo este mundo convulso y pienso en como acabará todo esto, tal vez hayamos creado una sociedad tan compleja que ni tan siquiera sea sostenible y camine abocada hacia su propia destrucción. Entre mis sueños, en más de una ocasión vi un futuro con una guerra global cargada de imágenes de este planeta sumido en el apocalipsis, pienso en un escondite y me siento a salvo, pero pienso en los que quiero y no sé si podría esconder a todos ellos. No hace falta ir más allá de nuestro país para pensar que en cualquier momento esta olla a presión puede explotar, la inseguridad está en nuestras calles, en nuestras casas, y el pueblo cada día tiene el gesto más serio y adusto, acrecentado sin paliativos por una crisis que ha introducido violentamente la palabra pobreza en una sociedad, que creía prácticamente haberla desterrado de su vocabulario, considerándola exclusiva de aquellos mundos de gente negra donde el calor es insoportable y el agua inexistente, lejos de aquí, de nuestra disfrazada España, construida a base de ladrillos de cartón, que hoy mojados por el chaparrón se parten desplomando todo el sistema, sin encontrar a nadie capaz de restaurarlo y dando cada vez más la impresión de que esta casa hay que volver a levantarla desde cero.

Levanto la vista y veo una primavera árabe que se cuenta en inviernos, y conflicto Palestino-Israelí que se antoja irresoluble, veo crecer el fanatismo en Irán o Afganistán y veo inyectar veneno en las venas de niños entrenados para el odio, inseminados con la idea del separatismo y del desprecio. Recorro la historia del hombre y analizo al ser humano, su compleja naturaleza, alimentada de diferentes culturas y entornos, hace que no existan dos seres iguales y así a lo largo de nuestra existencia hubo quien fue capaz de alumbrar las más profundas maravillas y quien pareció caminar de la mano del diablo para infligir los castigos más profundos, creamos ciudades y templos, obras de arte y poesías, bellas canciones, nos amamos con locura, lanzándonos sin miedo a los mares en busca de nuevos horizontes, pero entre tan apasionante clímax, también destruimos, odiamos, torturamos y asesinamos sin piedad, empujando al cielo o al infierno a todo el que sin quererlo, se topó en el camino que conducía a hacia los intereses de los líderes de cada tiempo.

Y así sin aprender de nada de lo sucedido, llegamos a el siglo XXI a un año 2012, donde la tierra parece un medicamento efervescente, introducida en los mares agitándose y vibrando, tanto que el vaso ha comenzó a sobrarse y la catarata parece incontenible. Suena egoísta pensar en que la mejor terapia va a ser preocuparse de uno mismo y no mirar más allá, pensamiento sin duda altamente insolidario, pero por otra parte, resulta que hoy más que nunca la sola preocupación de llegar a fin de mes ahoga nuestras cabezas, impidiendo que crucen por ella brisas procedentes de otros mares, y no nos falta razón. Tal vez el protegerse cada uno a su manera ante lo que pueda pasar parezca lo más sensato, pero el cómo hacerlo es ya asunto de cada uno. Otra opción es liarse la manta a la cabeza y lanzarse al barro, pero a que barro lanzarse es complicado saberlo, más cuando sobre esta idea sobrevuela la duda de si serviría para algo más que no sea el ponernos como un Cristo. Yo de momento voy a saltos, a veces la cabeza aquí otras más allá, procurando dar amor a los que quiero, mientras percuto con mis manos a este saco de boxeo de papel que me sosiega, y que parece que golpe a golpe, beso a beso, quiere entenderme.



4 comentarios to “Golpe a golpe, beso a beso”

  1. casimiro dice:

    Como siempre tus articulos dan que pensar.
    Que razón tienes!!! Si el presente es poco halagueño, el futuro es desesperanzador. Pero intentemos ser optimistas, a pesar de lo que está cayendo, y vivamos el dia a dia intentando mejorar la vida de los que tenemos cerca, familia y amigos, esperando que los que gobiernan el mundo reflexionen y utilicen los medios que ponemos a su alcance (materiales y humanos)para evitar un conflicto armado a escala mundial que, con la tecnologia actual, podria hacer desaparecer a la mitad de la población actual.

  2. julian (padre) dice:

    Artículo más profundo y pesimista que otros, pero es la realidad.Tenemos que animarnos y pensar que vendrán tiempos mejores……….Besos

  3. Car dice:

    He tenido que leerlo dos veces… en la primera solo disfrutaba de como escribes, en la segunda ya me doy cuenta de lo que dices …

  4. bosco dice:

    grnade rayo como todos los domingos, aunque sea un articulo un poco mas oscuro tarde o temprano veremos la luz al final del tunel, yo tambien pienso que deberiamos implosionar para empezar de nuevo, por cierto gran fin de semana aunque se ha notado tu ausencia, un abrazo

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