Flashback

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elfaro480x120_0Estoy tan cansado que salgo al baño tanto por las ganas de usarlo, como para a la vez lavarme un poco la cara y no parecer imbécil en el transcurso del curso al que asisto. Según abro la puerta la conexión es automática, aquel silencio y olor me proyectan inexorablemente años atrás. Ya les hablé en otro artículo de las conexiones mentales que la música puede provocar, esta vez sin embargo el flashback fue debido a un pequeño espacio con aroma propio. Aquel olor a lejía y esa especie de humedad en el ambiente, unido tal vez al extremo cansancio que acumulo y a un toque de ansiedad que últimamente vuelve a acompañarme, me han escupido sin consuelo como en un yoyo, a un profundo viaje temporal, retrocediendo y avanzando de casi 10 años a esta parte.

Primera fase, nos situamos dos, tres años atrás, interminables horas de biblioteca, solo, ahogado en mi mente y con un único objetivo. Los días son duros y repetidos, pero tengo una meta obsesiva ante la que ya nada ni nadie puede interponerse, terminar la carrera, comenzaba a vencer y eso me daba fuerzas. Vuelvo más atrás, cinco años vista, trabajo a la par que estudio, los días nunca terminan, comienzo a centrarme, sin embargo y es el inicio de la multiplicación personal que no tardaría mucho en llegar. La semilla de lo que está por venir, ha sido plantada. Es el principio del fin del retroceso, la forja del comienzo del nuevo yo o del volver a ser el que era.

Más años atrás todavía, últimos años en Teruel, un profesor despistado imparte clases en colegios y academias, la carrera sigue allí, esperando que alguien de el pistoletazo de salida. Llevo un tiempo ya subiendo, pero una zancadilla mortal en forma de desamor terrible me proyecta de nuevo al abismo. Mi único hilo y sustento se rompió de golpe, sin aviso que yo viera pese a que tal vez estaba claro desde hace tiempo. ¿Qué hago yo allí?

Seguimos retrocediendo, la mitad del periplo Turolense, los días de gloria empiezan a empañarse, con estados mentales confusos las ganas de comenzar a hacer algo son más fuertes cada día, pero la mente no está preparada, ni la moral, ni el cuerpo. Primeros fracasos reales, en relación al esfuerzo. Anteriormente todo quimeras. Los días de gloria pasan la factura, quedan todavía los intereses que serán pagados durante años.

Primeros tiempos, la noche es joven y los días preciosos y soleados, no importa el frio. El cuerpo es fuerte y el alma todavía no está contaminada de vivencias. Es una esponja dispuesta a disfrutar y el ambiente es favorable, semanas de amigos y fiestas, acompañadas de resacas con sexo y humo denso se convierten en rutina, una rutina de fácil seguimiento que no requiere ningún trabajo para acostumbrase, pero en la que sin duda, hipotequé un tiempo del que al fin ahora soy propietario. Aun así después de todo, cuanto me gustaría poder volver a disfrutar así, aunque solo fuera unos instantes.

Alguien entra en el baño y la puerta golpea mi espalda, vuelvo en mí, casi molesto por su interrupción, me hubiese gustado seguir allí un rato más, recobrando lo vivido. Me lavo la cara, bebo agua del grifo y me miro el rostro. Me he hecho un hombre en este tiempo, no sé cuál fue el momento exacto en el cual la responsabilidad vino a mí, tal vez como una condena que me hizo pagar por mis actos, haciéndome cargar el yugo del aquel tiempo, hasta alcanzar la paz y el equilibrio. Fue difícil la tarea, pues tuve que luchar conmigo mismo, física y mentalmente. Transformarme por completo hasta llegar a hoy. Un hoy en el que pasé de la vergüenza al orgullo, por parte de tantos. A veces pienso que ha llovido mucho. Otras que ni siquiera ha caído ni una gota. Que apenas ha pasado un día. Intento atar cabos y recordar qué me hizo pasar del todo a la nada y de la nada al casi todo, la primera parte ojala pueda contarla algún día en unas memorias sobre mi vida, espero hacerlo antes de que esta no me falle. La segunda fue sin duda fruto del esfuerzo y nada más, de un enorme coraje del que me siento orgulloso, de las inmensas horas de estudio que me hicieron volver en mí, de una batalla interna diaria y del paso del tiempo que toda herida cierra, aunque las cicatrices tarden años en desaparecer o incluso vivan por siempre a la sombra de uno u otro maquillaje.

Vuelvo a la clase, donde en peores tiempos estuve sentado y siento que soy otra persona. Una inmensa calma me invade, y me relaja. No me importaría quedarme dormido allí, disfrutando de mi existencia. Dicen que todo aquello de lo que hablé ya no es lo que era, que incluso la residencia en la que vivimos fue derruida. Me pregunto si habrá vuelto a crecer aquel seto sobre el cual precipite a una persona con mis puños, en el último día que use la violencia. Me pregunto si alguien se acordara de aquel soldado al que conocían como Ryan, o mi nombre también se lo llevo el viento. Tal vez algún día me atreva a volver y no sentir un escalofrió cuando cada esquina grite mi nombre. Termina la clase, miro al suelo y sonriendo hacia adentro, recuerdo lo imbécil que fui, cuando no hace tanto anduve por estos pasillos torturándome con mil movidas y otra rubia en la cabeza. Maldito idiota. La bibliotecaria pasa y me sonríe, ella si me recuerda, hace tiempo que no me ve y parece sorprenderle mi vuelta. Solo vengo a un curso y ya me voy, lo imaginaba ya sé que terminaste la carrera, lo supe el ultimo día en el que deje de verte aquí todos los días. Todo esto nos lo dijimos sin hablar, pues no hizo falta.



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