¿Sí o No?

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ka-uve
Han sido estas semanas, las del pasado septiembre, cuando alumnos y profesores nos hemos vuelto a ver las caras de nuevo. Los profesores llevan pensando en sus alumnos un tiempo, no es ahora cuando se acuerdan de ellos. Mañanas enteras preparando horarios, organizando clases, objetivos para el curso y demás conceptos que en una educación tan personal como es la formación musical son fundamentales para que desde el principio, desde el primer día, desde la primera mirada, ellos, los pupilos, sientan las ganas y la motivación del nuevo curso que empieza.

Por el contrario, los alumnos es ahora, en su gran mayoría, cuando se acuerdan de todos aquellos “deberes” que el profesor o profesora de turno les mandó allá por Junio; “Fulanito, no dejes de tocar todos los días un rato y empezar a practicar alguna escala cromática”, “Meganito, estudia parte de las partituras que tienes que tocar el año que viene, así tendremos trabajo avanzado”. Para ellos el verano es el verano, piscina, vacaciones, calor y sobre todo jugar por la mañana. Sí, sí, por la mañana, ese tiempo que desaparece cuando empieza el colegio, y que solo los alumnos saben que existe y que hay vida si alguno tiene la mala suerte de tener que ir al médico.

Han sido en estas semanas cuando los profesores y los alumnos nos hemos encontrado de nuevo. Este año aquí en Tudela en nuestra ciudad, no ha sido un rencuentro normal, un rencuentro como el que acabamos de leer. No. Ha sido un rencuentro lleno de sobresaltos que han hecho que el claustro de Castel-Ruiz, del Conservatorio, haya pasado de ser un pequeño oasis dentro de la actividad de la ciudad de cualquier mañana a volverse un lugar en el que los nervios y la incertidumbre han tomado todos los rincones.

Si no habéis tenido la oportunidad de entrar en ese patio a “deshora”, a una hora en que no haya clases de música o haya muy poquitas, por ejemplo, por la mañana, os lo recomiendo. Es un reducto de tranquilidad dentro del casco viejo, que, a pesar de ser un casco viejo el de Tudela más o menos tranquilo, no deja de ser el centro de la ciudad y, al fin y al cabo, el centro de la actividad, de esa actividad que mete ruido y provoca estrés en el ambiente.

Los que hemos pasado la mitad de nuestra vida allí lo conocemos bien. Respira a la par de los que lo ocupan, guarda silencio si es necesario que haya silencio, si quieres y te sientas allí, te deja escuchar el sonido de las cigüeñas y sobre todo te deja estar en paz. En este comienzo de curso ese claustro no ha sabido muy bien por donde le estaban atizando. Porque le han atizado, y bien. Durante un tiempo no ha sabido si tendría algún que hacer el resto del tiempo, si le iban a quitar eso que ha hecho durante décadas que es guardarle los secretos al Conservatorio de Tudela, si seguiría siendo un auditorio magnífico donde escuchar los conciertos de los alumnos y profesores o si volverían a correr los niños sobre sus piedras esperando entrar a solfeo, flauta travesera o a violín. No lo sabía. No lo ha sabido hasta hace poco.

Se lo han resuelto, sí. Le han dicho que, por lo menos este curso, sólo este curso tendrá que hacer las mismas cosas que ha estado haciendo durante años y que sabe hacer a la perfección, pero que el año que viene… el año que viene ya se verá.

Y es que, el otro día al entrar sentí y pude respirar la preocupación y el desorden que te da la incertidumbre de saber si serás útil o si por el contrario, te quitarán de en medio intentando que se enteren los menos posibles para que no sufran por ti.

En estas semanas donde profesores y alumnos nos volvemos a ver las caras la ilusión ha dejado paso a la incertidumbre, lo que debería haber sido un rencuentro lleno de ilusión se ha convertido en un comienzo agitado por el desasosiego que te crea lo negro del futuro. No se han visto todas las cartas y parece haber empezado el curso como la “Patética” de Beethoven, en do menor. Aunque, conociendo el final de esta maravillosa sonata para piano, quizá merezca la pena luchar, esperar y hacer ver a todos los que no lo han visto ya, que ese conservatorio ha visto crecer y verá a crecer, si le dejan, músicos de talento inconmensurable.

Ya que la “Patética” ha aparecido en el artículo no puedo dejar pasar esta oportunidad para que la música hable por sí sola. Os dejo cinco minutos de música del segundo movimiento de esta fantástica sonata de Beethoven:

Los que no la conozcáis, descubridla y disfrutadla, para los que la conocemos es una de esas obras de las que es fácil recordar la primera vez que la escuchaste, aparece en el recuerdo el momento en que la descubriste en forma de partitura o de grabación. Deja huella, traspasa la piel. Yo, como muchos otros, la descubrí en las clases de Castel-Ruiz, a la sombra del conservatorio, en el aula 14 un reducto al final del pasillo donde se descubrían y esperemos que se sigan descubriendo, cosas fantásticas. Desde entonces a mí me ha acompañado siempre.



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