Fiestas a los 16

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lacarabFiestas q ganas. Ya queda poco. Este año lo petamos!!!!!!! Ya se acercan que emoción. Fiestas se esperan con ganas!(: Eso es lo que hace ya apenas tres semanas ponían en todas las redes sociales los jóvenes tudelanos y los de los alrededores, (sí, con faltas de ortografía incluidas) y es que los de pueblo siempre se llenan la boca con elogios para su pueblo, pero cuando llegan las fiestas del vecino… se les olvida el pueblo y lo único en lo que son capaces de pensar a partir de ese momento es en comprar bebida y mirar los horarios de los autobuses para haber cuál es el mejor para ir al chupinazo, y bien prontito.

Días y días son los que los jóvenes tardan en preparar las fiestas ¡hay tanto por hacer! Hay que encontrar un cuarto (esencial), limpiarlo si ya lo tenemos (eso es optativo, pero seamos sinceros, una barridita una vez al año no hace daño a nadie ¿no?), llenar la nevera del cuarto con bebidas (obligatorio y fundamental) y…y… pues no sé, supongo que eso es todo, pero da igual a los jóvenes les cuesta una eternidad y media.

Las fiestas se acercan y eso es lo que importa. Fiestas. Esta palabra puede significar muchas cosas dependiendo de la franja de edad en la que nos encontremos: Para los pequeños, es una semana en la que hay que vestirse de blanco, ponerse un pañuelo rojo y dar vuelta por Tudela. Contemplarán las procesiones, misas y ofrendas de flores a la patrona, pero lo más importante es la feria. Una semana en la que poder ir todas las tardes a la feria.

Para los jóvenes, es una semana de fiesta, una en la que se puede estar con los amigos yendo de bar en bar todo el día, bailando y bebiendo toda la noche (estas acciones pueden ser intercambiables, o hacer todo a todas horas)

Para los adultos, una semana de fiesta, una semana en la que da gusto (o no) pasear por las calles de la localidad. Ideal para comer en la peña con los amigotes de toda la vida, rememorar tiempos mozos, travesuras de juventud y para contar historietas de uno que es amigo de otro y que está casado con otra y que…, todo esto mientras los críos juegan en la calle al balón o simulan los encierros (ya sabes, las fiestas, calan a todo el mundo) Una semana llena de almuerzos que no puedes (o que no te dejan) comer un día cotidiano. Y para los amantes taurinos… no es una paliza, es un placer levantarse día tras día para ver los encierros y las vaquillas, y después un buen desayuno. Y no hay que decir que los días en los que además hay corridas en la plaza…, es como su gozo en un pozo.

Para los mayores, una semana en la que hay gente por todas partes, riendo, cantando, bebiendo, fumando, bailando…, una semana en la que rezan a todo habido y por haber “Por favor, que no se meen en el portal” Una semana en la que mostrar devoción a la patrona colocando la silla en primera fila y esperar con ansia y fervor la aparición de la imagen por las calles. Una semana de la que acaban hartos al cuarto día.

Pero… ¿y para los adolescentes? Bueno, ahí la cosa cambia un poco.

Para los adolescentes en una semana en la que se puede estar en la calle y de fiesta todo el día, una semana en la que beber deja de estar prohibido y en la que es escusa llegar (o no) de madrugada. Aunque muchos no necesitan de esta para hacerlo. En la que es más fácil conocer a gente, hacer tonterías y en la que hacerse los dementes en un parque deja de estar mal visto.

Así que con esto, ahora podríamos preguntarnos ¿Qué son las fiestas para un joven de dieciséis años? ¿Qué hacen? ¿Cómo las viven?

Pues bien, para responder a estas cuestiones lo único que hay que hacer es observar.

El día del chupinazo: Imagínese que se ha levantado las nueve de la mañana para pasear al perro, por eso de que luego habrá mucho barullo. ¡Que equivocado! A esas horas ya hay adolescentes tirándose vino, azafrán, cerveza, huevos, Kétchup… y todos estos alimentos forman un…hedor que para muchos podría tratarse digno de un vertedero. Pero no se equivoquen, para ellos, ese olor tan…tan… ese olor, significa ¡Fiestas!

Si se ha visto en una de estas y no ha podido reprimir las ganas de preguntarles ¿Por qué? ¿Por qué tan pronto? Ellos seguramente te responderán: “No podía dormir de la emoción” “Porque ya son fiestas” Y llegados a este punto sólo se pueden hacer dos cosas: 1- Creértelo. 2- Fingir que te lo crees.

Bien, Plaza Nueva. 11:30 de la mañana. A esta hora ya se pueden distinguir dos clases de “bandos” o “grupos” bien definidos. Están los blancos, personas que no se tiran cosas y por lo tanto no están manchadas, y los “Simpson” las personas (la mayoría adolescentes) de este grupo son fácilmente reconocibles por el color amarillento que cubre ropa y piel, fruto de tira indiscriminada de alimentos. Este segundo grupo, al pasar las doce del medio día (algunos incluso antes) se transforman en otro grupo que se podría llamar los “Vagabundos”, son los que antes iban de amarillo, lo siguen siendo, pero en esta ocasión, se rompen la ropa. ¿Por qué? Les invito a que lo descubran.

Y entre cervezas, bares, bailes interminables y una barra libre que parece no acabarse nunca pasan los adolescentes el primer día de fiestas. Los días que los siguen son bastante similares entre ellos.

Hora del primer encierro. A este evento suele acudir gran cantidad de gente, ya que es el primer día y es la novedad. Entre toda esta gente, se encuentran las personas que han madrugado para el evento y las que al contrario no han dormido y suben de empalmada, claro está, borrachos como un cuba. No hay día (ni portal) en la que la gente que sube al encierro después de un sueño reparador, en las que se incluye una servidora, no nos encontremos jóvenes fiesteros que han caído rendidos en un apartado portal sin que les importe los daños que su dignidad haya podido sufrir.

En lo que al día se refiere, ni rastro de los adolescentes. Puesto que estos han pasado de ser seres diurnos a nocturnos. Criaturas que descansan por el día, y que al caer la noche están preparados para una fiesta eterna.

Fijémonos en la procesión de Santa Ana, coloquémonos en primera fila y fijémonos en la gente que desfila, quien sabe igual hay algún adolescente. Ja Ja. Los únicos adolescentes que podrían ver son los que tocan en la banda de música y a los que van obligados (fácilmente reconocibles por las gafas de sol que suelen llevar. ¿A que no adivinan por qué?)

Y así durante todo el día y durante todas las actividades diarias, pero… ¿y las nocturnas? Bueno, ahí las cosas cambian. Empecemos por los fuegos artificiales. Al puente del Ebro sólo se acercan los adolescentes tranquilos (grupo en los que me gusta incluirme) y los fiesteros acompañados de sus respectivas parejas (o ligues) a la caza de los fuegos en forma de corazón para soltar el típico Ooo…

¿Y en el baile de la era y la jota? Bueno… ahí ya se van viendo alguno más, no obstante ya es medianoche. Los que asisten a estos bailes típicos es porque saben bailarlos y tienen alguien con quien bailarlos.

Y en la revoltosa, a los únicos que vas a poder ver son a los que tocan en la banda de música, otra vez, a los que les esperan impacientes a que acaben e irse de marcha… (Fácilmente reconocibles porque se empujan entre ellos para salir a correr. Y el pobre caído tiene que dar una vuelta entera, o arrastrar a otro durante el camino) y a los que pasan por allí para ir al Tubo.

Vale, ya es la 1:30. A esta hora todavía son recelosos, y todavía no han llenado las calles del Tubo, pero créanme, es sólo cuestión de tiempo.

De ahí en adelante, todos están o en las ferias, o en algún bar o en los Dj’s que ponen en Ribotas.

Y así día tras día, durante toda una semana. Una semana en la que para ellos significa pues eso, fiesta. Durante una semana que ellos desearían que durara un mes. Pero todo en esta vida termina, y las fiestas de Tudela no son una excepción. Así que cuando llega el temido día 31, en el que ya no hay ninguna clase de vestigio de las fiestas, los adolescentes mantienen en su mente la fecha de las próximas fiestas. Da igual que sean en el pueblo de al lado, porque si hay que ir, se va.

Y es que eso son las fiestas, una fiesta que dura toda una semana. Y tengas la edad que tengas, las vivas como las vivas, estaréis de acuerdo con que las fiestas son una gran fiesta, y que todos deseamos alguna vez que no se acaben. Aunque también hay un nutrido grupo de personas (en el que a veces me incluyo) que el día 31 gritan al cielo “Bendita rutina”



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