El software libre nos hará libres.

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Cualquiera que haya leido un par de mis artículos ya sabrá que cojeo del lado del software libre, Linux, Android y todas esas zarandajas progres, hippies y friquis. Pero piensen también que esta panda de indocumentados (cada día somos más) está dando cuerpo a la fase crítica que separará la generación de las máquinas de una nueva, la del conocimiento. Una era en la que lo menos importante sea cómo acceder al conocimiento. Y hago especial hincapié en la palabra conocimiento porque va más allá de la mera información. La información ya nos rodea (incluso abruma) desde que un loco montó en USA una cadena televisiva con programas informativos 24 horas. Ahora sabemos lo que acontece en cualquier rincón del mundo en prácticamente tiempo real. Me refiero al conocimiento como valor universal. Como derecho de todo ser viviente a conocer, estudiar, aprender, investigar…

Coincidirán conmigo en que tal tesoro debe ser difundido de todos los modos existentes. No debe pasar por filtros ni subyugarse a ningún formato o medio. Y aquí es donde el día a día nos devuelve al suelo y nos damos cuenta de lo lejos que estamos de esta universalidad. El monopolio de Microsoft y sus tácticas para acaparar el noventa y tantos por ciento de los equipos informáticos del mundo supone un lastre difícilmente saltable. Más aún cuando hace unos pocos años, “consiguió” (entiéndase el uso de comillas) colar como estandar de documento su polémico OpenOfficeXML (u OOXML), en lugar de apoyar el ODF (Open Document Format) que ya estaba definido como estandar ISO. Una maniobra que deja al descubierto las oscuras artes del gigante americano.

En los últimos años han sido varias las noticias que han trascendido sobre la adopción de estándares libres en distintas administraciones. En cuanto a los sistemas operativos, mayoritariamente se desarrollaron distribuciones derivadas de Linux con ejemplos como Linex, Molinux y Guadalinex en España. También se optó por soluciones ofimáticas como OpenOffice (ahora LibreOffice) y por distintos desarrollos propios siguiendo la premisa del software libre. En los últimos días se habla mucho del caso de Munich, ciudad que comenzó hace unos años un proceso de liberación de software.  Aunque la memoria económica anunciada a bombo y platillo en el proceso alemán no es lo realmente importante. Lo que cuantifica el éxito de las medidas adoptadas biene determinado principalmente por las ventajas que aporta a la ciudadanía. En varias ocasiones me he encontrado comparativas sobre software libre contra propietario, pero de todo lo dicho me quedo con 3 aspectos:

  • El soft libre proporciona independencia tecnológica para un país, sus administraciones y sus ciudadanos. No depende de desarrollos de terceros para su funcionamiento, mantenimiento o expansión. ¿Imaginan que Microsoft eleve un 500% el precio de Office?. ¿Quién se lo impide?.
  • El soft libre se cimenta sobre un pilar básico. Interoperatividad. El formato en que se distribuye la información nunca será cerrado ni gestionado unilateralmente por ningún ente dominante, garantizando a todos los ciudadanos el libre acceso a la información.
  • El soft libre puede ser auditado, analizado, corregido, mejorado por empresas independientes (o particulares). Y sin depender de la buena voluntad o capacidad de quien lo programó.

Nuestro país, siempre a la cabeza de las nuevas tecnologías, donde cada ministro de tecnología o telecomunicaciones o como puñetas hayan querido etiquetar el cargo, ha dejado como erudito a su predecesor, se sigue mansamente por el redil Microsoftiano: Windows y Office para todos. Tal es la amplitud de miras que derrochan. Exceptuando las iniciativas rebeldes de algunas autonomías anteriormente citadas, toda la piel de toro es territorio Microsoft.

Pero como dirían los antiguos, en el pecado está la penitencia. Es tal la supremacía del sistema operativo de Bill Gates, que virus, troyanos y demás amenazas se ceban con él. No es suficiente contar con un antivirus, necesitamos además un antispyware y un firewall… … y aún con todo no estaremos seguros. Recuerden que sólo los que están en nómina de Microsoft pueden acceder al código y reparar agujeros del sistema operativo. La toma de conciencia de muchos usuarios sobre la importancia de la seguridad informática está derivando en una interesante consecuencia: la noción del verdadero coste de al informática. El todo gratis se ha convertido en actividad de riesgo y es que instalar programas crackeados (sin licencia) en la misma máquina que nos sirve para operar con nuestra cuenta bancaria o comprar online con nuestra VISA, es más peligroso de lo que creemos. ¿De verdad necesitamos Photoshop, AutoCAD, 3DStudio, Adobe Acrobat Pro o Dreamweaber en casa?. Pues tengan en cuenta que utilizarlos de manera ilegal, además de suponer un delito, puede comprometer seriamente la seguridad de su ordenador. Háganme caso y no traten de matar moscas a cañonazos. Echen un vistazo por la red y encontrarán muchos programas libres y gratuitos (incluso portables) con suficiente calidad como para realizar trabajos interesantes sin tener que recurir al lado oscuro. Y si además le quieren dar una oportunidad a Linux, mejor que mejor. Se sentirán liberados.



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