El año Whatsapp

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Odio con todas mis fuerzas los anuncios de las compañías de móviles. Son ridículamente simples, felices, con chicos y chicas guapísimos, familias encantadoras, dientes perfectos y cuerpo 10. Me da igual que bailen en la arena de la playa o  descansen en una casita rural en medio de un valle nevado. ¿Para qué?. ¿Para vender móviles?. Amos anda, nomejodas. Si al menos ofrecieran algo interesante de verdad…

He desarrollado un sesudo estudio y he logrado diseccionar su estrategia: Tras 20 segundos de lobotomía visual, el córtex anestesiado es incapaz de digerir las tarifas que aparecen después. Simultaneamente lanzan un dardo envenenado, un teléfono estupendo con el que nuestra insulsa vida, dientes torcidos y tripa cervecera podrían ser como las de hace unos segundos. Resultado, nuestro cerebro zombie solo recuerda una musiquilla pegadiza y un teléfono que mola mogollón, todo ello teñido del color de la  operadora. De tarifas, ni rastro, por supuesto.

Por eso, y tras esta introducción, les quiero recordar que mandar un SMS sigue siendo un atraco y un MMS una puñalada trapera. Remontándonos unos años (poquitos, la verdad) nos encontramos con un servicio que nació para notificar incidencias tipo llamadas perdidas o mensajes de buzón de voz. Cuando fue adoptado como mensajería corta entre usuarios fue gratuito una temporada pero pronto enganchó a miles de abonados. Generó y sigue generando pingües beneficios para las compañías telefónicas y aunque todos sabemos que es caro, no adivinamos hasta qué punto. Enviar esos 160 caracteres no supone ni un 5% de lo que finalmente pagamos. ¿Sorprendidos?. No recuerdo el sitio, pero leí que enviar cierta cantidad de datos desde el telescopio espacial Hubble era mucho más barato que hacerlo a base de SMSs. Casi ná.

Me llena de orgullo y satisfacción que internet haya llegado a los móviles. Porque si no pago a mi proveedor de ADSL por cada correo electrónico que envío, tampoco pago a mi operador de móviles por cada mensaje de Whatsapp. Los SMSs están heridos de muerte; precisamente el grupo social que más SMSs envía es el que primero ha adoptado los teléfonos con conexión a internet. Ya no hay que triturar las palabras para que tu mensaje no pase de 160 caracteres. Gracias a esta aplicación también podemos mandar fotos (adioooooos MMSs), incluso audio grabado y hay quien vaticina que en futuras versiones incluirá voip (telefonía sobre internet). Simplemente genial, con versiones para IOS de Apple, Symbian (principalmente Nokia) y Android, solo Blackberry queda fuera del plato. La aplicación es muy sencilla. Requiere que te registres con tu nombre y tu móvil en su base de datos (todos los pasos son francamente intuitivos). Después contrasta los móviles de tus contactos con los de sus registros. En unos segundos tendrás una lista de tus contactos que también han instalado la aplicación. Con ellos, mandarse fotos, audios y por supuesto mensajes de texto corre a cuenta de tu tarifa de datos de internet (o WIFI), mandando a los tradicionale SMSs y MMSs a tomar viento. Da gusto ver cómo cada vez que reviso la lista de contactos de la aplicación, aparecen nuevos amigos y  familiares.

La venganza se ha consumado. Esta Navidad he recibido solo 2 SMSs y cerca de 2 docenas de mensajes de Whatsapp. Con este panorama, espero un tanteo mucho más abultado para Nochevieja y Añonuevo. Telefónicas, moved el culo que se os está acabando el queso.

Y para esos momentos ociosos que tanto abundan en fechas navideñas , les propongo unos deberes: busquen información sobre otro puñado de aplicaciones similares. Las utilizo habitualmente en mi terminal Android y creo que también existen para el IOS de Apple, pero lamentablemente no estoy puesto en el mundo iPhone. En algún artículo futuro explicaré porqué no tengo un iPhone. Al grano, ahí van: Fring, Tango, Viber, Gtalk, Skype…

… si tienen un teléfono moderno, sáquenle partido. Si no es así, pidan uno a los Reyes o parasiten el más cercano, pero no regalen a las telefónicas ni un euro más en mensajitos.



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