La receta salarial del señor Linde

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Los comentarios poco afortunados del presidente del Banco de España, Luis María Linde, acerca de su certeza de que bajar los salarios por debajo del salario mínimo interprofesional disminuiría el número de parados de larga duración o serviría para combatir el desempleo juvenil, se han extendido como la pólvora provocando la indignación y el estupor en todos los sectores de nuestra sociedad, sin que nadie haya osado avivar el fuego o respaldar las palabras de Luis María Linde.

Luis María Linde. Foto: rtve.es

Oyendo a este señor es necesario contar hasta diez para contener la rabia y no pronunciar palabras malsonantes, que no inoportunas, para no ponerse al nivel de la catadura moral demostrada por este individuo. Nadie puede impedirle pensar lo que quiera y como quiera, pero alguien debiera poner en su sitio a este hombre diciéndole que no se pueden hacer las declaraciones que hizo por una mera cuestión de mínima empatía y respeto a la ciudadanía, menos cuando se es presidente de una entidad institucional como lo es el Banco de España.

Sus palabras son el ejemplo más deshonesto de cinismo, desvergüenza y falta de consideración hacia una sociedad que lo está pasando verdaderamente mal. Ni siquiera ha tenido el propósito de reconocer lo desafortunado de sus declaraciones o “matizar” sus palabras en una salida más o menos airosa. Ni eso. Con ello no demuestra sino una prepotencia y un desconocimiento de la realidad indignos de su cargo ya que alguien como el debiera decirle que gracias a Dios – no se me ocurre citar a nadie más- el número de trabajadores que cobran el salario mínimo interprofesional es del 3%, lo que equivale a unas 180.000 personas según los últimos datos de que se dispone.

Banco de España en Madrid. Foto: absolutmadrid.com

No hace falta ser un lince para darse cuenta que el 3% de los trabajadores con menos renta económica no pueden ser los responsables de la precaria situación económica y de causar perjuicios macroeconómicos que supongan un lastre para la recuperación económica de las empresas cuando no de su balance contable deficitario.

Y lo dice el señor Linde, quien desde que fuera nombrado en el cargo que ocupa en Julio de pasado año ha recibido más de 80.000 euros en conceptos salariales. ¡Qué fácil es probar soluciones cuando estas recaen en los demás! ¿Por qué no se incluye el mismo cuando habla sobre el resto? A lo mejor entonces si que tendría una mayor credibilidad. Sin embargo quien no cumple con aquello que predica ya no es que no sea santo de devoción y mucho menos mártir, sino que está más cerca de convertirse en un oportunista que ni tan siquiera ostenta la virtud de predicar aquello convertido en dogma, en este caso las recomendaciones de la Troika europea. Por lo menos hubiese ido más en consonancia con lo que se espera, sin sorpresas, de alguien que preside el Banco de España, hoy supeditado al Banco Central Europeo y a las políticas neoliberales que nos atizan desde Bruselas.

Representación irónica del salario. Foto: 4.bp.blogspot.com

¿Acaso el señor Linde se ha esforzado mucho más que muchas otras personas que forman parte de la lista del INEN y que se ven abocadas a aceptar empleos precarios en el mejor de los casos, cuando su perfil laboral dice que están preparados para ocupaciones sobre las que no hay demanda? ¿Acaso son ellos los culpables? Desde luego que no. ¿Cómo se puede plantear con un mínimo de sensatez que una persona que trabaja durante todo un largo mes perciba un sueldo inferior a unos míseros 645 euros que son los del salario mínimo? Lo que plantea es una regresión hacia unas condiciones inadmisibles de “pseudo esclavitud”. Quizás lo más triste de todo sea comprobar como alguien privilegiado como el que ostenta un puesto en el que pudieran estar muchos otros, establezca una distancia semejante entre él y el resto de sus compatriotas a los que desprecia según se desprende de sus palabras.

Pero no crean que hay acaba la cosa, ¡qué va! Va más allá y anticipa que en caso de que algún día la cosa mejore, no nos ilusionemos en pensar que los salarios subirán o las condiciones laborales mejorarán como cabe suponer, sino que va y suelta otra “perla” diciendo que es precisamente en ese momento cuando todo beberá estar igual para favorecer y consolidar la recuperación económica. Esto no es nuevo, pero se deduce fácilmente que si bien ahora las rebajas salariales y los recortes en los derechos laborales en demasiadas ocasiones van parejos a la disminución de la actividad de índole productiva, no es así cuando la tan ansiada recuperación económica nos devuelva a una realidad que todos esperamos. Algo que por otra parte es algo que por más milongas que nos cuenten, todos ya sabemos.



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