“En interés de quienes nos gobiernan”


Desde que comenzara la crisis económica allá por 2008 mucho es de lo que presumen nuestros políticos por haber hecho, y muy pocos los resultados visibles, aquellos que percibe el ciudadano de a pié. Por mucho que se afanen una y otra vez en repetir que es un problema “coyuntural” o que el año que viene será el de la recuperación económica, ya nadie cree e ello porque los economistas no ven indicios claros de recuperación, ni los ciudadanos perciben ningún cambio o atisbo de que la situación vaya por buen camino. Sin caer en el derrotismo, solo el gobierno parece tener argumentes para el optimismo siendo el único que ve lo que nadie ve, ni la patronal, ni la banca, ni los sindicatos, y mucho menos quienes nos controlan desde Bruselas que a la postre siempre tienen razón sobre los datos que maquilla el gobierno con el infalible argumento de da la realidad.



Foto: ambito-financiero.com

Nuestros políticos parecen estar en total di sintonía con el devenir cotidiano, o al menos no lo demuestran. Su problema es otro, cuadrar números imposibles que por si mismos representan la cuadratura del círculo sabiendo que eso mismo es imposible. Nuestro sistema económico adolece de dos serios problemas. Por un lado está el enorme endeudamiento del sector privado –mucho mayor que el público- que dificulta el acceso al crédito, y por el otro, al ausencia de demanda interna que favorezca una economía productiva.

Sin crédito no hay crecimiento y al mero hecho de saldar las deudas contraídas en el mejor de los casos condiciona una competitividad herida de muerte por la falta de demanda. Esta falta de demanda en el tejido productivo generada por la caída del consumo debido a la menor disponibilidad de renta cuando no de la falta de empleo, la mayor carga impositiva, y el recorte del sector público, nos conduce a ofertar en el mercado aquello que cada vez menos nos podemos permitir. Cuando se estrangula la economía doméstica, se frena el consumo y con ello la actividad productiva que crea

empleo y contribuye al desarrollo económico de un país.



Foto: revista-critica.com

La receta es siempre la misma, políticas de austeridad impuestas desde Bruselas en las que ya solo creen nuestros acreedores a quienes solo les importa recuperar su dinero cuanto antes con independencia de lo que ocurra o deje de ocurrir en el país deudor. Pero nada de políticas de crecimiento que favorezcan la disponibilidad de renta que a la postre favorezcan el empleo y el desarrollo empresarial que a su vez nutra de nuevo el sector público como pilar básico de nuestra estructura social.

Por el contrario nada de eso. El plan trazado consiste en poner la soga al cuello a los contribuyentes, romper las relaciones laborales con la excusa de flexibilizar un mercado laboral suficientemente laxo y desmoronar el sistema público al que durante tantos años hemos contribuido con la aportación de todos. Ahora que todo se desvanece no hacen creer que aquello que antes funcionaba y que era todo un referente en muchos aspectos, ya no es viable, como si los políticos no tuviesen ninguna responsabilidad sobre aquello que tan nefastamente han gestionado habiendo caído en el pecado de darnos cuenta demasiado tarde. Nos dicen que no somos conscientes de inasumible gasto del sector público argumentando un mal uso, cuanto ellos son los primeros en no haber comprendido que lo público es de todos y por consiguiente debiera haber estado libre de saqueos y comportamientos impropios de igual modo que hubieran hecho si la gestión del capital fuera la propia, la de sus cuenta corriente. Nos hacen ver que lo privado se gestiona con mayor eficacia cuando son ellos quienes han dilapidado lo que no es suyo. ¿Quiénes son entonces los que no han estado a la altura y los culpables de la situación en la que estamos?



Foto: euronews.com

Margaret Thatcher, exprimera dama británica, portada en los medios con motivo de su reciente fallecimiento, fue junto a su gran aliado político, el expresidente estadounidense Donald Reagan, la gran precursora en Europa del neoliberalismo más radical y del desmantelamiento de los servicios sociales bajo la manida intención de liberar al estado de cualquier relación con el ciudadano en el que este acapare cualquier responsabilidad de asumir cualquier gasto. Bajo esta doctrina todos los ciudadanos debieran ser ricos porque así no generan problemas al estado. Los ricos se valen por si mismos para costear su sanidad, su educación o la justicia. Es al rico al que hay que apoyar sin caer en la cuenta de que nadie es pobre por propia voluntad. Que muchos ricos no han trabajado más ni se han esforzado más que muchos otros de clase media a quienes su sueldo no da para tanto y que han contribuido en mayor proporción a sostener y a hacer grande un país. Aquellos que el neoliberalismo ve ahora como un lastre.

José Luis Sanpedro, en una de sus célebres reflexiones, dijo aquello de que “existen dos tipos de economistas: aquellos que hacen a los ricos más ricos, y aquellos que hacen a los pobres menos pobres” Es cierto. Sus sabias palabras trascriben que todo se reduce a un ejercicio de intención y voluntad.



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