Aniversario del bombardeo sobre Durango. Guerra Civil española


El 31 de marzo de 1937 se produjo el que por muchos historiadores militares es considerado el primer bombardeo sobre población civil de la historia en el marco de la guerra Civil Española (1936-39). Más de 300 civiles, hombres, mujeres y niños murieron en un ataque atroz perpetrado por el general de las tropas nacionales, Emilio Mola, al mando de las milicias fascistas desplegadas en Navarra.

Tras el fallido golpe de estado contra el gobierno legítimo de la segunda república que dio comienzo a la guerra civil española, se estableció

un frente en el norte de la península formado por las provincias costeras de Guipúzcoa y Vizcaya que se mantenían fieles al bando republicano, mientras que Álava y Navarra pertenecían al frente nacional. La estrategia de atacar el frente norte y hacerse con el control de las fuerzas republicanas constituía un importante valor estratégico para los intereses del bando nacional del general Francisco Franco. La zona de división territorial entre ambas demarcaciones, casi coincidía con la de la zona fronteriza entre Álava y Guipúzcoa en la frontera natural del río Deva. Antes, milicianos golpistas del general Mola, habían avanzado por el valle del Bidasoa cerrando el paso fronterizo hacia Francia centrando el avance de las tropas hacia Guipúzcoa y, posteriormente, Vizcaya.

A las 7.00 horas del 31 de Marzo de 1937, nueve bombarderos pesados Savica-Marchetti M.S. 81 de la 214 escuadrilla del grupo 24 de la aviación legionaria italiana aliada con los golpistas, despegaron de la base de Soria descargando ochenta bombas de cincuenta kilos cada una sobre la villa vizcaína. Poco después, a las 8.00 horas, dieciocho cazas Fiat CR-32 despegaron de la base de Logroño rumbo a Durango donde definieron su formación aérea sobre el cielo riojano para suceder a los bombardeos anteriores con la devastación que causaron con sus ametralladoras sobre la población civil.

A las 8.30 horas, el vigía situado en el campanario de la iglesia de Santa Ana dio la señal de alarma. Hasta entonces las incursiones aéreas de la aviación enemiga eran habituales y formaban parte del operativo táctico de control aéreo sobre el frente y la retaguardia, a lo que los lugareños estaban más que acostumbrados. Nadie podía imaginar lo que a continuación estaba a punto de ocurrir. El inicio de los bombardeos y el posterior ametrallamiento sobre la población civil comenzaron por el barrio de Kurutziaga. A esa hora centenares de feligreses se daban cita en los actos religiosos para celebrar la eucaristía en la parroquia de Santa María, donde su párroco, Carlos Molina, oficiaba los actos. Las bombas cayeron sobre el edificio religioso provocando la muerte instantánea de la mayoría de los allí presentes.

Al mismo tiempo y a escasos metros, la iglesia del colegio jesuita de San José fue igualmente alcanzada por las bombas. El cura local Rafael de Villalbetia, que al igual que aquel oficiaba la misa, murió junto a cincuenta civiles que en ese momento asistían a la ceremonia. Al igual que seis monjas de clausura del convento de santa Susana.

A las 11.00 a.m. la escuadrilla de la aviación faccionaria intervino de nuevo sin atacar objetivo alguno, pero en su último ataque de aquel fatídico día, a las 17.45 p.m., los aviones barrieron la villa dejando caer un total de setenta y seis bombas y ocasionando numerosas víctimas en el momento que los durangueses asistían a los heridos y enterraban a los muertos. Fue un ataque desmedido y desproporcionado, ensayo del que poco después se produciría el 26 de Abril de 1937 en la cercana localidad de Guernica. El número total de víctimas mortales fue de 336.

El bando nacional achacó los bombardeos sobre los templos religiosos a extremistas radicales del bando republicano, en un intento propagandístico de negar la barbarie de unos hechos carentes de toda justificación. El Lendakari José Antonio Aguirre quedó apesadumbrado tras ser testigo de una ciudad derruida por los bombardeos y reducida a cenizas. El cónsul británico en Bilbao, testigo de excepción ante la opinión pública internacional que visitó Durango tras el bombardeo, aseveró que “nunca antes había visto tal muestra de saña y encono, ni tan siquiera en la primera gran guerra.”

 



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